El efecto de la luz monocromática en los animales sigue estudiándose. Nuevas observaciones, nuevas descubrimientos y nuevas aplicaciones han surgido en años recientes.
Las aves perciben la luz en una forma diferente que los seres humanos. Por ejemplo, la sensibilidad a las ondas de luz en el ojo de un ave es distinta a la del ojo humano (VÉASE la ilustración a continuación). Un ave ve la zona azul del espectro con una intensidad de hasta 13 veces más de un ser humano y la zona roja con una intensidad de hasta 3.5 veces más.
La luz verde y azul pasa por los ojos del ave hasta llegar a los nervios; ahí estimula la producción de hormonas de crecimiento. Las ondas de la luz roja penetran profundamente en el ave—no sólo entrando por el ojo sino también por la piel del ave.
El uso de periodos de oscuridad favorece el descanso y el desarrollo de las aves.
En general, las aves se vuelven más tranquilas cuando se expongan a la luz monocromática. No es sólo porque se le da la luz correcta sino porque también se elimina la luz no deseada para el ave.
El porcentaje de luz roja en la llamada luz “blanca” incandescente es mayor que el porcentaje de luz roja en la luz solar.
La investigación ha descubierto que:
--La luz monocromática VERDE estimula el desarrollo de un mayor número de células musculares y el desarrollo del esqueleto
--La luz monocromática AZUL estimula la producción de la testosterona en el plasma, lo cual aumenta la cantidad de proteína y consecuentemente hace que las células musculares sean más grandes.
--La luz monocromática ROJA estimula el hipotálamo, clave para la producción de algunas hormonas necesarias para la reproducción, lo cual resulta en mayor producción de huevo y mayor fertilidad.
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